Reunir a la mayor cantidad de gente posible frente a un palacio de gobierno (federal, estatal, municipal). Deberán ser, por lo menos, más de mil. Una vez reunidos, un conductor, vestido de frac, con bigote falso, monóculo y actitud seria, deberá dirigirse a la multitud. Una vez convocada y atenta a las direcciones del conductor, esta multitud deberá recrear, al unísono, la pieza de Dick Higgins, “Música peligrosa, No. 17,” la cual indica, únicamente, ¡GRITAR! Hacerlo con la mayor intensidad posible y durante la mayor cantidad de tiempo posible. Al terminar, deberán retirarse, no sin antes pedirle al más joven de la multitud que se acerque a las puertas del palacio y deje una nota que diga: “…y somos muchos más.”
Organizar elecciones en una escuela primaria. Deberá elegirse al alumno o alumna que mejor represente los valores de la niñez: valentía, audacia, imaginación, sensatez, seriedad y capacidad para inventar juegos y mentiras que le caigan bien a los demás. Pedirle a la directora que escoja, de entre los candidatos que surjan en cada salón, a uno, aparentemente, el hombre más bello de todos los candidatos. Iniciar campañas, y dirigirse a los alumnos más callados y retraídos, para cambiarles su voto por una bolsa de Sabritas, para que el ganador sea el niño más bello. Durante el conteo, los candidatos descubren que hubo más votos que alumnos en la escuela. El ganador será el niño bello. Esperar las reacciones de todos los involucrados y mantenerse callados.
Extraido de Un mini manual de performance
Alejandro Espinoza
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