No soy rencorosa.
No lo fui nunca.
Enseguida se me olvidan celos, afrentas,
vaivenes de orgullos ajenos.
Pero hay días que necesito
vengarme de la Humanidad.
Así, en general.
Y decido llegar tarde a todas partes.
Me pone que me esperen.
Me encanta alegar al teléfono
excusas plausibles
poniendo voz de velocidad
mientras me apunto
uno más
y otro más
con estas manitas.
Sentada en el suelo de mi cuarto.
El suelo frío, mis muslos no.
Ésta es mi venganza particular,
y así he logrado no odiar jamás a nadie.
Yo siempre fui una chica lista.
– Por Clara Santafé–
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